Durante una separación, divorcio o cualquier relación rota o fallida, no hay nada más doloroso que la sensación de pérdida. Las reacciones de las víctimas de este flagelo emocional incluyen llorar, gritar, insultar y sentirse repentinamente fuera de control. No pueden pensar con claridad porque están abrumados por el sufrimiento.
De manera abrupta, el sistema familiar cambia para peor. Surgen inmediatamente preguntas: ¿Quién va a recoger a los niños de la escuela? ¿Con qué frecuencia debe cada padre tener visitas con los niños? ¿Cómo voy a explicarle a mis familiares y amigos?
Desde la perspectiva del niño, el dolor puede ser aún peor. A menudo no pueden hablar con nadie porque son muy pequeños, y el padre o la madre que ha sido abandonado no siempre puede cumplir ambos roles parentales. Algunos niños crecerán llevando esos dolores emocionales en sus corazones. El verdadero amor parece haber terminado, y en muchos casos vemos en la televisión que esto está ocurriendo a innumerables familias a nuestro alrededor. Pero, ¿qué debemos hacer?
- Establecer una meta emocional a largo plazo para ti y tus hijos, y encontrar la ayuda profesional adecuada para seguir adelante.
- Aceptar sus propios errores. Esta es la parte más difícil. Mirar dentro de uno mismo, examinar su propio comportamiento y reconocer cómo nuestras acciones pueden haber contribuido a la ruptura de la relación.
- Cambiar de todas las formas positivas posibles. No pierda tiempo solo llorando. En cambio, enfócate en hacer tu vida —y la vida de tus hijos— mejor que antes.
- Las causas más comunes del divorcio incluyen la infidelidad, y una de las explicaciones más comunes es: “Nos fuimos distanciando”. Sin embargo, si piensas más profundamente en esta frase, puedes concluir que las personas no simplemente “se distancian” porque viven bajo el mismo techo. Lo que sucede más a menudo es que dejan de comunicarse y dejan de amar a sus parejas. En muchos casos, la infidelidad es la consecuencia de algo importante que ha estado faltando en el hogar.
- Aprende a decir: “Lo siento”, a ti mismo, a tus hijos e incluso a tu ex pareja. Cuando reconocemos que fuimos parte del problema, se vuelve más fácil cambiar para mejor porque podemos ver dónde hemos estado y hacia dónde vamos, brillando con la luz del perdón y con la libertad que proviene de nuestra propia sabiduría.
Si necesitas ayuda para superar problemas de relación o de comunicación, no pierdas todo tu tiempo hablando con amigos o familiares en un bar o una cafetería. Levanta el corazón, toma acción y busca ayuda profesional. Estamos más que felices de ayudarte porque cuando el sistema familiar cambia significativamente, debes actuar rápidamente.